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  • Foto del escritorMaría Artigas Albarelli

Surrealismo

Max Ernst



SURREALISMO

MAX ERNST

(1891-1976)

Dos niñas son amenazadas por un ruiseñor, 1924.

Óleo y elementos de madera pintada y papel pegados en madera,

sobre un marco de madera, 69.8 x 57.1 x 11.4 cm.

MOMA, Nueva York.


Max Ernst formó el grupo dadaísta de Colonia e influyó notablemente en el Surrealismo posterior. En su etapa Dada había experimentado con el fotomontaje y con el collage. Estos medios intentaban romper formal y conceptualmente las barreras entre los géneros artísticos, que es precisamente lo que encontramos en Dos niñas son amenazadas por un ruiseñor: una aparente pintura al óleo más o menos inscrita en la tradición clásica, a la que Ernst pegó objetos de madera pintada que sobresalen hacia el marco y con los que rompe la bidimensional pictórica. Pero a su vez, si la pintura tradicional había podido generar la ilusión de tridimensionalidad con recursos como el trampantojo, en Dos niñas son amenazadas por un ruiseñor esta tridimensionalidad se materializa objetualmente en algo más que un cuadro.


Así, tenemos una serie de planos que juegan con el interior y el exterior de la superficie, no sabemos si estamos dentro o fuera de él, si estamos en la realidad o en un sueño. Es una invitación a adentrarnos en el mundo onírico e inconsciente, en el que no es extraño que un pequeño ruiseñor pueda amenazarnos, al grado de tener que tañer un cuchillo para defendernos o directamente desvanecernos. Es decir, que el sentido de realidad queda profundamente trastocado, invitándonos a adentrarnos en otro tipo de «lógica». Sobre la técnica del collage, en su escrito ¿Cuál es el mecanismo del collage? de 1936, Ernst escribió lo siguiente:


Una realidad hecha cuyo ingenuo destino tiene el aspecto de haber sido fijado de una vez por todas (una canoa), se encuentra a sí misma en presencia de otra realidad difícilmente menos absurda (una aspiradora), en un lugar en que ambas resultan incongruentes (un bosque), escapará, gracias a tal hecho, a su ingenuo destino y a su identidad; pasará de su falacia absoluta, a través de una serie de valores relativos, a un nuevo y absoluto valor, verdadero y poético: la canoa y la aspiradora harán el amor (En Chipp, 2021, 455-456).


Fue en 1924 cuando el movimiento surrealista anunció su existencia con la publicación en París del Primer Manifiesto del Surrealismo, escrito por André Breton. Del Surrealismo suele hablarse como si se tratara de la sucesión de Dada, pero la verdad es que, si bien hubo relaciones entre los dos grupos, los iniciadores del Surrealismo en París ya habían estado trabajando en sus escritos antes de que Dada surgiera con fuerza en la ciudad. Al igual que Dada, el Surrealismo surgió como un movimiento literario, liderado por Breton, y seguido por Aragon y Soupautl, entre otros, a quienes después de la guerra se les unieron otros artistas procedentes del dadaísmo, como Picabia, Tzara y el propio Ernst.


Muchas de las posiciones dadaístas —gestos, rebeldía, provocación— se mantuvieron en el Surrealismo,  pero adquirieron un carácter distinto al presentarse como un movimiento positivo que pretendía una solución a la crisis existencial de la posguerra. Frente al nihilismo y la náusea de Dada, el Surrealismo proponía un sistema de conocimientos basados en la filosofía y la psicología. Para ellos el problema de la libertad presentaba una fractura social y otra individual. La solución a la primera la encontraron en el movimiento revolucionario, apoyados en Marx como teórico de la libertad social; mientras que la solución a la fractura individual la sustentaron en el estudio de la psicología de Freud. En consecuencia, las revoluciones social y psicológica, esta última relacionada con el estudio del sueño y el inconsciente, fueron los ejes que articularon al movimiento, junto con algunos elementos del romanticismo. Todo esto lo dejó Breton expresado en sus escritos, en particular en sus Manifiestos de 1924 y 1929. En el Primer Manifiesto Breton describe al Surrealismo como:


Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral (En González García, Calvo Serraller, y Marchán Fiz, 1979, 399).


Es decir, que lo que Breton pretendía era liberar a la escritura del «imperio de la lógica», ya que sostenía que la imaginación estaba «confinada en una jaula en cuyo interior da vueltas y vueltas sobre sí misma, y de la que cada vez en más difícil hacerla salir» (En González García, Calvo Serraller y Marchán Fiz, 1979, 394). El autor consideraba que el arte debía tomar sus modelos del interior, del inconsciente.


El sucedáneo plástico del automatismo literario, era para Ernst el collage. Pero el collage requería de una gran técnica, una cuestión que paradójicamente lo alejaba de esa escritura automática de Breton, aunque el resultado fuera equivalente. A pesar de este control de los medios, los collages de Ernst hacían emerger esa otra realidad, en la que los objetos y la relación entre ellos se descontextualizan, para adquirir nuevos valores y trascender el modus operandi de la mente convencional, como podemos apreciar en Dos niñas son amenazadas por un ruiseñor.


© María Artigas, 2024.

 

Bibliografía

CHIPP, H. B. (2021). Teorías del arte contemporáneo: fuentes artísticas y opiniones críticas. Madrid: Akal.


GONZÁLEZ GARCÍA, A., CALVO SERRALLER, F. y MARCHÁN FIZ, S. (1979). Escritos de arte de vanguardia 1900/1995. Madrid: Itsmo.


DE MICHELI, M. (1979). Las vanguardias artísticas del siglo XX. Madrid: Alianza Forma.


FER, B., BATCHELOR, D., WOOD, P. (1999). Realismo, racionalismo, surrealismo: el arte de entreguerras. Madrid: Akal.


MOMA, Nueva York. [Página web]. https://www.moma.org/collection/works/79293

 

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