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  • María Artigas Albarelli

Natividad

Giotto, ca. 1310

Giotto, Natividad, ca. 1310. Basílica inferior de San Francisco de Asís.



Nos encontramos ante una de las Natividades pintadas por Giotto, la realizó alrededor de 1310. En ella se aprecia la influencia bizantina en la representación, consistente en incluir en una sola escena varios acontecimientos y personajes del mismo relato, extraídos de diversas fuentes [1]. Así, Giotto representa en este fresco una superposición de escenas o motivos, como la Sagrada Familia, el Anuncio a los pastores o las parteras bañando al Niño. Las fuentes escritas para la representación de la Natividad hasta antes del siglo XV, las encontramos en los evangelios apócrifos y en el Evangelio de San Lucas. De los evangelios apócrifos hay referencias sobre la Natividad en el Evangelio de Pseudo Mateo, el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio de Santo Tomás y el Evangelio Armenio de la Infancia. Salvo el árbol y la escena del baño del Niño (no así las parteras que lo bañan), los demás motivos, personajes y elementos aparecen en las fuentes mencionadas.


En cuanto al sitio donde tuvo lugar el alumbramiento, Giotto representa tanto una gruta como un pesebre que cobija a la Virgen y al niño, así como a un coro de ángeles, al asno y a la mula. Todos los textos sitúan el nacimiento de Cristo en Belén, ya sea en una gruta o caverna [2], el pesebre de una posada [3] o en una gruta en cuyo interior había un pesebre; caso este último descrito en el Evangelio Armenio de la Infancia:


Al cabo de mirar mucho, José encontró una caverna muy amplia, en que pastores y boyeros, que habitaban y trabajaban en los contornos, se reunían y encerraban por la noche sus rebaños y ganados. Allí habían hecho un pesebre para el establo en que daban de comer a sus animales. Mas en aquel tiempo, por ser invierno crudo, los pastores y los boyeros no se encontraban en la caverna [4].


El Niño envuelto en pañales es mencionado en el Evangelio de Lucas: «…dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre…» [5]. Giotto no acuesta al Niño en el pesebre, pero sí lo envuelve en pañales.

A su vez, envuelto en pañales, encontrarían los pastores al Salvador, tal como se los anuncia el ángel. Ambos motivos son incluidos por Giotto en el fresco y el Evangelio de San Lucas lo narra de la siguiente manera:


…había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor [gesto reflejado en uno de los pastores]. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la Ciudad de David un Salvador, que es Cristo Rey. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» [6].


En la Natividad de Giotto apreciamos dos grupos de ángeles. El primero está cerca de la Virgen rodeando y alabando al Niño, tal como se narra en el Evangelio de Pseudo Mateo: «Y ella trajo al mundo un hijo que los ángeles rodearon desde que nació diciendo: Gloria a Dios en la alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad» [7].


Y en el Evangelio Armenio de la Infancia, podemos encontrar la referencia al segundo grupo de ángeles —que están sobre el tejado del pesebre dirigiendo sus plegarias al Padre—, así como al haz de luz descendiendo desde el cielo hacia Jesús:


Habiendo llegado a la caverna [José y la partera], se detuvieron a cierta distancia de la entrada. Y de súbito vieron que la bóveda de los cielos se abría, y que un vivo resplandor se esparcía de alto a abajo. Una columna de vapor ardiente se erguía sobre la caverna, y una luminosa nube la cubría. Y se dejaba oír el coro de los seres incorpóreos, ángeles sublimes y espíritus celestes, que, entonando sus cánticos, hacían resonar incesantemente sus voces, y glorificaban al Altísimo [8].


Sobre la estrella, encontramos el siguiente texto en Pseudo Mateo:


Y una gran estrella brillaba encima de la gruta, de la tarde a la mañana, y nunca, desde el principio del mundo, se había visto una tan grande. Y los profetas que estaban en Jerusalén decían que esa estrella indicaba el nacimiento de Cristo, el cual debía cumplir las promesas hechas, no sólo a Israel, sino a todas las naciones [9].


Al buey y a la mula los sitúa Giotto en el pesebre adorando al Niño, como lo indica el Evangelio de Pseudo Mateo:


El tercer día después del nacimiento del Señor, María salió de la gruta, y entró en un establo, y depositó al niño en un pesebre, y el buey y el asno lo adoraron. Entonces se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: El buey ha reconocido a su dueño y el asno del pesebre a su señor. Y los mismos animales, que tenían al niño entre ellos, lo adoraban sin cesar [10].


José aparece meditativo, al margen de la escena principal. Los evangelios le conceden un papel secundario y así será representado hasta finales del Renacimiento. Los evangelios apócrifos lo sitúan en un segundo término, buscando a las comadronas para que atiendan a María en el parto.


Con respecto a las parteras, en otra superposición de motivos, Giotto las representa en la zona inferior del fresco bañando al recién nacido. Según el evangelio que se consulte, las comadronas son una o dos, y tienen nombres y papeles diferentes. Su principal función en el relato es la de atestiguar la virginidad de María.


La escena de «el lavado del Niño» no fue muy común en las representaciones de la Natividad, a pesar de que se realizaron algunas durante la Baja Edad Media [11]. Su génesis inició en el siglo IX como copia de modelos clásicos, en concreto el nacimiento de Baco, y desapareció de la iconografía cristiana en el siglo XV [12].


© María Artigas 2021.


 

Bibliografía


FRANCO LLOPIS, B.; MOLINA MARTÍN, M. y VIGARA ZAFRA, J. A.: Imágenes de la tradición clásica cristiana. Una aproximación desde la iconología. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid.


GÓMEZ SEGADE, J.M.: «Sobre las fuentes de la iconografía navideña en el arte medieval español», Cuadernos de arte e iconografía. Tomo I-1. 1988.


GONZÁLEZ HERNANDO, I.: «El Nacimiento de Cristo», Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. II, no 4, 2010. pp. 41-59.



 

Notas

[1] Irene González Hernando, «El Nacimiento de Cristo», en Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. II, no 4, 2010. p. 42.

[2] Ps. Mateo XIII:2, Protoevangelio de Santiago XVIII:1 y Evangelio de Santo Tomás III:3.

[3] Lucas 2:4.

[4] Evangelio Armenio de la Infancia VII. 6.

[5] Lucas 2:8-20.

[6] Lucas 2:8-12.

[7] Ps. Mateo XIII:2.

[8] Evangelio Armenio de la Infancia VIII:11.

[9] Ps. Mateo XIII:7.

[10] Ps. Mateo XIV:1-2

[11] Se pueden encontrar representaciones del «baño del Niño» en las Natividades de Pietro da Rímini, Duccio da Boninsegna, y otras del propio Giotto.

[12] Borja Franco Llopis, Imágenes de la tradición clásica cristiana. Una aproximación desde la iconología. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid.

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