• María Artigas Albarelli

La abstracción y lo espiritual

Hilma af Klint

Hilma af Klint (1862-1944).
Grupo X, No.3, Altarpiece, 1915.
Óleo y hoja de oro sobre lienzo, 237,5 x 178,5 cm.
Hilma af Klint Foundation, Estocolmo.


En los mismos años en que artistas como Kandinsky, Malevich, Mondrian o Delaunay se encaminaban hacia la abstracción, una enigmática mujer realizaba ya, en 1906, pinturas «no-objetivas» en su estudio de Estocolmo. El que ella misma dictaminara que su obra abstracta no fuera expuesta hasta veinte años después de su muerte, explica un poco su exclusión en los discursos «oficiales» de la historia del arte, pero no justifica el que, a fecha de hoy, siga permaneciendo fuera de los libros académicos [1].


Al igual que Kandinsky, Hilma af Klint pretendía comunicar valores espirituales. Su identificación como médium es importante para comprender su trabajo, el cual estaba guiado, según señalaba la propia pintora, por seres espirituales, cuyos mensajes plasmaba en sus lienzos. Curiosamente, este afán de representación de lo espiritual fue lo que llevó, tanto a Kandinsky como a Hilma, al alejamiento de la mímesis, pero por vías diferentes.


Hilma quería hacer visible lo invisible. Atribuía el origen de su arte «no-objetivo» a la guía de seres espirituales y no a su propia subjetividad.

En la pintura de la artista encontramos tanto formas orgánicas como geométricas. Su principal trabajo no figurativo lo realizó entre 1906 y 1915, en su gran proyecto: Pinturas para el templo, que consistía en varias series de cuadros, de las cuales forma parte el óleo de la imagen. Gran parte del trabajo de Hilma podría relacionarse con la «geometría sagrada», la cual pretendía representar —ya desde el antiguo Egipto—, las verdades metafísicas y universales, así como la evolución de la vida y el alma humana a través de la geometría, en un viaje hacia el conocimiento supremo.


Intentando interpretar la pintura desde un punto de vista «esotérico», me atrevo a decir que el lienzo hace una clara y evidente referencia al centro. El triángulo inscrito en un círculo era una interpretación que los alquimistas utilizaban para representar al quinto elemento, o quintaesencia. Esta quintaesencia era la energía sutil, intangible y necesaria en la alquimia para la transmutación de la materia, y, por analogía, del alma. El círculo dorado, forma perfecta, podría interpretarse como una referencia al sol o a la divinidad, al plano trascendental, como bien lo señalaban los doraros en el arte medieval.


© María Artigas, 2022.


 

Notas

[1] Incluso existió otra pintora, Georgiana Houghton (1815-1884), que, cincuenta años antes de las vanguardias, ya pintaba abstracto, pero su trayectoria fue corta y poco conocida.

 

Bibliografía

ANTIGÜEDAD DEL CASTILLO-OLIVARES, M. D.; NIETO ALCAIDE, V. y TUSELL GARCÍA, G. El siglo XX: la vanguardia fragmentada. Madrid: Editorial Ramón Areces, 2021.


BASHKOFF, T. Hilma af Klint: Paintings for the future. New York: Guggenheim, 2019.


BLOK, P. Historia del arte abstracto (1900-1960). Madrid, Cátedra, 1982.

BOZAL, V. Kandinsky, el camino de la pintura abstracta. Kandinsky, el origen de la abstracción. Fundación Juan March, 2003. pp. 9-33.


GOMBRICH, E.H. Historia del Arte. Madrid: Alianza Forma, 1989.


PASI, M. Hilma af Klint, el esoterismo occidental y el problema de la creatividad artística. Boletín de Arte, no. 35, 2014, pp. 43-59. ISSN: 0211-8483.

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